12 mayo 2010

Algo más que Boston...


Si tuviera que plantear una analogía, Boston sería un amor de verano adolescente, uno intenso, con una fecha de caducidad que, cuando te paras a pensar, no quieres que llegue nunca.

Y es curioso como de repente un día, casi por sorpresa, te das cuenta de que esa sensación de ¨¡ uau, estoy en Boston !¨ ha desaparecido por completo y sientes entonces que Cambridge es tu casa.




De mis días en Barcelona, recuerdo una imperiosa necesidad de largarme, como si todos los sinsabores en mi vida pudieran achacarse a la ciudad que me vio nacer. ¡ Cuán equivocado estaba !
Y a pesar de ello, en Boston he aprendido (me habéis enseñado vosotros) lo que hace ya tanto tiempo leí en el Ulises de Kavafis: que a Lestrigones ni a Cíclopes, ni al temido Poseidón has de hallar nunca, si no los llevas dentro de tu alma, si no es tu alma quien ante ti los pone.

Parece que he tenido que recorrer 6000 km. para aprender a ser feliz (¡ ahí es nada ! ), y ahora ya de vuelta en Europa, me doy cuenta de que éste ha sido, sin dudar, el mejor año de mi vida.
Es innegable que ha habido también momentos difíciles, pero lo fantástico es que, al pensar en Boston, sólo me vienen a la cabeza recuerdos geniales, y en todos aparece alguno de vosotros. Porque si algo ha hecho especial, única, esta aventura, han sido aquellas personas que he conocido, y a las que dedico este mensaje.
Como matemático que soy, debo admitir que esa sensación de cercanía, de compañerismo, de amistad sincera en gente que hasta hace nada eran perfectos desconocidos me ha tenido intrigado desde el momento en que llegué el 4 de Junio, sin casa donde dormir, y Martu y Palou me acogieron en la suya, hasta mi último día, cuando Katie me ha llevado al aeropuerto, tras una semana inolvidable en casa de Núria y las Helenas.

Alguien, quizá Martín, me dijo que seguramente se debía a la propia magia de Boston, ciudad de paso, donde todos están lejos de sus casas, de sus familias. Esa añoranza, provocada por la distancia, hace a la gente más receptiva, más cercana, y provoca que se abran a los demás. Si eso es cierto, bienvenida sea esa distancia que me ha permitido compartir tantos momentos, tantas charlas y tantas ilusiones.

Así pues, parece que, en mi particular Retorno a Ítaca, la primera etapa del camino ha llegado a su fin. Toca ahora izar las velas y recoger el ancla.
No estoy triste, pues si las que están por venir son como ésta, es un gran viaje el que me espera.

Gracias a todos. De verdad. Sea lo que fuere lo que yo hice, sé que no os merezco.

8 comentarios:

Eisenreich dijo...

Por cierto, la imagen me la regaló Albert Parra, un amigo de la UPC que vino a visitarme en pleno invierno bostoniano :)

Chechu dijo...

Ets gran...

Yasmina dijo...

es com si m'haguessis robat els sentiments i els haguessis plasmat...
no me n'he anat tan lluny com tu, però conec totes aquestes sensacions. i no torno abans de dos mesos, però ja em posa molt trista i em fa molta por... la tornada...

petons!!

(si et ve de gust, encara tens temps de venir-me a veure a Lió!!)

Miquel Duran dijo...

la felicitat era l'última mostra d'intel·ligència que et faltava donar-me.

gràcies per la petita (minúscula) part que em toca

Verónica dijo...

No se lo que mereces, pero desde luego Boston no es lo mismo sin ti.

Anónimo dijo...

Si los sinsabores de tu vida no provenían de la ciudad que te vio nacer, como dices...¿por qué has aprendido a ser feliz sólo a 6000km? ¿crees que seguirás siendo feliz ahora que has vuelto, o al cabo de un tiempo, los sinsabores volverán, y volverás a querer huir, escapar?

Todos hacemos lo mismo...Nos vamos lejos, más lejos, huyendo del vacío que sentimos en nuestras vidas. Y nos reinventamos a nosotros mismos, olvidando incluso nosotros mismos, lo que fuimos antes... Quizás por eso conseguimos ser felices estando lejos. Pues la imagen de quién soy yo ¡¡ha cambiado tanto de aquella de antaño!! ¿Y cuál es la verdadera? Parezco otra persona...
Pero yo pienso que ambas son verdaderas: una no es mentira, y la otra cierta...ni las dos son mentira, nadie puede pasar la vida fingiendo... Son simplemente dos versiones, verdaderas las dos: yo las dos. Soy más feliz con la nueva, pero la otra, no era falsa, y sé (y espero) que no esté muerta. Me gustaba, aunque me hiciera infeliz (ese masoquismo mío, de regocijarme en mis penas y forzar la tristeza, como hace todo romántico patológico...) Ese yo depresivo, ya no lo busco, pero sin embargo, espero volver a encontrarlo un día, presentarle a mi yo jovial, y que convivan los dos en mi.

Tú debes haber dado un paso más todavía...pues yo, cuando vuelvo (y me gusta volver) sigo estando feliz de volver a marchar....¿quizás aún necesito escapar? No lo creo así, ya no es una necesidad, sino una elección.

O quizás es la perversa llamada de mi astral lejano, que me reclama, y al que (todavía) no puedo renunciar...

H the 3rd dijo...

Un plaer haver coincidit amb tu a Boston, ni que fos per un temps tan breu. Ja et vaig dir, però ara faig públic, que el text m'ha encantat. Segueix escrivint i, sobretot, publicant-ho!

Nika dijo...

Whereto next then ?

No sé perquè pero el teu texxt m'ha sonat familiar... ho he sentit varies vegades. Ara bé, tranquil que el que ve en general es igual o millor.

Un peto i fins aviat